Según El Cronista, Allí la cuota mensual disminuye alrededor de $253.000 y el ingreso necesario para calificar cae cerca de $1 millón.

El ejercicio toma como referencia un departamento de u$s 85.000. Si se financia el 100% mediante un préstamo UVA a 20 años, la cuota inicial ronda $1,01 millón y el banco exige ingresos superiores a $4 millones para mantener la cuota bajo el 25% del salario. Pero si la familia dispone de u$s 21.250 (el 25% del valor) como anticipo, el préstamo baja a u$s 63.750.

En ese escenario, la cuota mensual disminuye alrededor de $253.000 y el ingreso necesario para calificar cae cerca de $1 millón. Así, una familia que no alcanza el requisito de ingresos podría cumplirlo simplemente reduciendo el capital financiado gracias a sus ahorros en moneda extranjera.

Además, el anticipo reduce el riesgo asumido por el tomador. Al financiar menos capital, disminuye la cantidad de UVA sobre la que se actualizarán la deuda y las cuotas durante los próximos años. El informe sostiene que estos dólares no solo bajan el monto de la deuda, sino que mejoran las posibilidades de acceso al sistema hipotecario.

Sin embargo, el anticipo no elimina el principal riesgo. Damián Di Pace advierte que no es recomendable analizar solamente el valor de la primera cuota. Antes de tomar un crédito UVA hay que evaluar la estabilidad y evolución esperada de los ingresos, el porcentaje del salario que representa la cuota, el plazo del préstamo y la posibilidad de afrontar escenarios de inflación más elevada.

Focus Market proyecta dos escenarios para una familia que toma hoy un crédito. En un contexto de desaceleración inflacionaria, el ingreso familiar debería crecer alrededor de 42% en los próximos dos años para mantener estable el esfuerzo de pago. Si la inflación volviera a acelerarse, ese incremento necesario subiría hasta 103%. La clave no pasa solamente por cuánto aumenta la cuota, sino por si los ingresos podrán acompañar esa evolución.