**Un informe de MIT Technology Review revela una paradoja: la opinión pública sobre la inteligencia artificial se volvió negativa, pero el uso de sus herramientas sigue creciendo.** Según Will Douglas Heaven, editor del medio, existe una actitud de amor y odio global hacia esta tecnología, impulsada por la percepción de que las empresas la imponen sin control.

Pew Research Center indica que más adultos en EE. UU. creen que la IA tendrá un impacto negativo que positivo. Una encuesta de Stanford muestra que más de la mitad de las personas a nivel global se sienten nerviosas con los productos de IA. A su vez, un sondeo de Gallup de mayo reveló que el 71 % de los adultos estadounidenses se opondría a la construcción de un nuevo centro de datos de IA en su zona, una cifra mayor que la oposición a una central nuclear (53 %).

Además, a pesar de este rechazo, la adopción no para. ChatGPT alcanzó 1.000 millones de usuarios mensuales en mayo, según Sensor Tower, mientras que Gemini de Google DeepMind registró 950 millones en julio. Según Pew, la mitad de los adultos en EE. UU. usa un chatbot, duplicando la cifra de 2023. Una de cada cuatro personas lo utiliza a diario, y más de un tercio de los adultos en los 38 países de la OCDE reportó usar herramientas de IA generativa en los últimos tres meses.

Por lo tanto, Heaven argumenta que el problema no es la tecnología en sí, sino la forma en que las empresas la empujan, describiéndola como un cambio social inminente. Señala que, a diferencia de las redes sociales, la IA aún tiene margen para la regulación política y la competencia de mercado. En EE. UU., los 50 estados aprobaron o propusieron leyes para gobernar el desarrollo de IA, generando más de 2.100 proyectos de ley, un aumento diez veces mayor en tres años. Asimismo, la existencia de alternativas de código abierto ofrece cierta presión competitiva a los gigantes como Google, OpenAI y Anthropic.